martes, 3 de marzo de 2015

SÍNKOPE Y NO KONFORME EN MADRID

"Estamos flipaos, otros no lo dirían por el ego, pero para nosotros tocar aquí dos noches seguidas es mucho" así respondía Vito a una Penélope entregada que no paraba de corear el nombre de la banda y no se me ocurre mejor resumen de la noche.


Pero empecemos por el principio. No es fácil el papel de los teloneros, menos aún una noche de domingo, que los asistentes se controlan bastante con las cervezas pre-concierto y el ambiente está más frío que de costumbre. Pero los madrileños No Konforme demostraron que por música y actitud en escena son una banda de esas destinadas a meterse de lleno en los carteles de los festivales de punk-rock del Estado. Con canciones cargadas de rabia, temática comprometida y coros pegadizos encandilaron a un público que poco a poco iba llenando la sala.


Hicieron un repaso por sus dos discos, con mucho punk rabioso y alguna incursión en el ska, además de regalarnos una versión del Mierda de ciudad de los míticos Kortatu. Si no les conocéis, quedan totalmente recomendados, pues temas como Peces muertos, Tribunal, Susana Dekadenzia o Jaque al Rey nos dejaron un magnífico sabor de boca.

Después de que No Konforme dejaran caliente al público, a las 21:30 empezaron a aparecer sobre el escenario uno a uno los 5 componentes de Sinkope. Era el último concierto de la gira del disco Cuando no te pones falda y con una canción de dicho álbum empezaron. La elegida fue Donde el viento se acuesta, que sirvió para terminar de calibrar un sonido que fue sobresaliente durante toda la noche. A partir de ese momento, Vito y los suyos empezaron a mezclar clásicos con los temas del último disco, aunque podríamos decir que todos fueron clásicos, a juzgar por cómo los recibió un público que se sabía todas y cada una de las letras. En esos primeros compases del concierto sonaron maravillas como esa declaración de intenciones que es Matar se me olvida o ese rocanrol potente de Al socuello de tus pechos, que une al público coreando ese "toa colocá, toa colocá" con el solo final del Chino, en un momento de auténtico éxtasis.



Precisamente esa unión entre la banda y el público fue una de las características del concierto. Acostumbrados algunos de nosotros a verles en grandes festivales, la cercanía física que supone una sala da un punto extra que favorece a esa conexión. También Vito lo agradece, sin tanta limitación de tiempo aprovecha para cantar coplillas a capela entre canción y canción, soltar algún chiste (malo, no todo lo va a hacer bien este hombre), recitar algún poema e incluso fumarse el porrito al que le invitaron desde las primeras filas mientras la banda interpretaba Humo de contrabando. El concierto seguía y recuperaron una de las canciones más viejas del setlist, el A mi aire (como un pez), que desde que apareciera en Flujo de Antropina han pasado ya 20 años, muy coreada por el público, al igual que el Romance de la luna gitana y el sol poeta, donde Vito nos demostró su devoción por el cante flamenco. Nos acercábamos al ecuador del concierto y entonces llegó la crítica a los políticos que tanto está de moda últimamente, con la rabiosa Político, católico y putero.

Entonces llegó el momento de las primicias, la banda nos regaló la canción que abrirá el nuevo disco, titulada El caldero y la sed, además de confirmar que saldrá a la venta el 24 de marzo y que el 27 estarán en Madrid firmándolo. Salían Chino y Alberto, guitarristas, con camisetas de Motorhead y Iron Maiden y precisamente este nuevo tema sonó potente, tanto por las guitarras (con un solo salvaje del Chino incluido), sino también por la batería, quizá más de lo habitual en los extremeños. Hablamos mucho de Vito en los conciertos, pero no sería justo escribir una crónica sin reconocer la perfección de sonido que consiguen los músicos, así como su actitud, llena de continuos guiños al público, que siempre agradece estos gestos. Mención especial para Miguel, pues no es habitual escuchar el sonido del bajo tan nítidamente en un concierto. 

Tras la presentación de la nueva canción, entramos en la recta final donde fue un gusto disfrutar de la adaptación de A galopar, en la que de nuevo la batería tiene un papel estelar. Y tras ésto, los grandes himnos que quedaban en el tintero, como Tirando de rama, A merced de las olas (que para un servidor es de lo mejor que ha dado el rocanrol estatal), A un beso mío le llaman ruina, que fue la canción en la que la interpretación de Vito más me puso los pelos de punta o la obligatoria Y pare Madrid. Dijeron que no les gustaban los bises, que les quedaban dos temas y que no sobra tiempo para perderlo mientras quede algo por vivir y precisamente en esa temática fueron las dos últimas balas, que no necesitan presentación: El carro de la vida y, por último, En tarros de miel.

Hace ya varios años que juegan en la primera división del rock en castellano y sus directos tienen un papel importante en este merecido éxito. Que nos sigan cantando muchos años más.