viernes, 11 de noviembre de 2016

LA GRAN PEGATINA. CRÓNICA DE UN FINAL APOTEÓSICO.

El pasado 15 de octubre trece músicos se reunían por última vez en un escenario. Trece músicos se daban cita para cerrar una gira única e irrepetible. Trece músicos afinaban por última vez sus voces e instrumentos juntos en un backstage. Trece músicos hacían historia después de cinco meses llenando salas por todo el país. Trece músicos tocaban para un público entregado.
Cinco, cuatro, tres, dos, uno... el concierto empezaba.
Trece Músicos. Mil Conciertos. La Quinta Esencia de La Pegatina.
Estamos hablando, por supuesto, de La Gran Pegatina, que el pasado 15 de octubre daba su última pincelada a un proyecto de 5 meses.

El macroproyecto nacía para recorrerse las carreteras y escenarios de todo el estado e ir recogiendo adeptos con un directo inédito hasta el momento. ‘Vamos a por ti’, el título del único single de estudio, venía sin duda como una declaración de intenciones.
Sangre, garra, rumba, reggae, magia, alegría, fuerza, fiesta, guitarras, vientos, voces... Nacía un lema. Nacía un símbolo. La Quinta Esencia de La Pegatina.
La Gran Pegatina se lanzaba sin prejuicios hacia un directo en el que han sido capaces de mezclar ritmos rumberos, ska o rock con temas como el ‘Quizás quizás quizás’, el ‘Take on Me’ en versión electrónica, el ‘Que te den’ de Amparanoia, ‘What You Know” de los irlandeses Two Door Cinema Club o el ‘Thunderstruck’ de AC/DC.
Las nuevas piezas del tablero quedaban integradas a la perfección en los cuadros de un sistema perfectamente orquestado hasta el punto de que parecía que hubieran estado tocando toda la vida juntos.
Durante estos 5 meses hemos podido ver una mayor variedad estilística gracias a los nuevos integrantes del grupo: solos de guitarra más cañeros con Miki, secciones de vientos con mucho más protagonismo, pinceladas del violín de Víctor Guadiana, raciones del reggae de Pipo Ti o ese nuevo aire fresco que impregna la Canija en temas como Alosque.
Una voz en off anunciaba a las puntuales 21:00 que el espectáculo comenzaba, al paso que Adrià animaba al público con uno de esos lemas inherentes a La Pegatina: «¡Esto es una fiesta!» cuando los ya habituales cañones de confeti abrían la noche del viernes y lo que sería una actuación meteórica.
Casi sin paradas entre una canción y otra, haciendo que el público se olvidase de todo y dejase llevar sus cuerpos, llegando al punto exacto de pulsaciones en el que las piernas renuncian a moverse de forma voluntaria y se abandonan al atmosférico ritmo creado hasta llegar a ese instante en el que sin darte ni cuenta te puedes encontrar bailando y cantando ‘a grito pelaó’ el «qué pasará, qué misterios habrá, puede ser mi gran noche..!» de Raphael.
Toda La Riviera cantaba y bailaba al ritmo de temas como ‘Non è facile’, ‘Muérdeme’, o ‘Lloverá y yo veré’ luchando contra el frío invernal ya instalado en la capital. Adrià, Rubén, Ovidi, Ferrán, Axel, Romain, Sergi, La Canija, Pipo Ti, Tuli, Marcos, Víctor y Miki desprendían fuerza, marcha, mucho buenrrollismo y garra por los poros para festejar una noche única.
Con canciones como ‘Amantes de lo Ajeno’, ‘Y se fue’, ‘La ciudad de los gatos negros’ o ‘Alosque’ llegaron los momentos más emotivos. También tuvimos la oportunidad de escuchar canciones de los primeros discos quizás olvidadas en anteriores giras. Incluso pudimos contar con el ‘Todos los días sale el sol’ de los Bongo Botrako.

Todo el público, contagiado, seguía las directrices de las coreografías que La Gran Pegatina había orquestado. Son muy buenos en lo suyo. Y lo suyo es ser un auténtico espectáculo sobre el escenario. Es bien sabido que ir a un concierto de La Pegatina es ir a pasárselo bien, y no lo decimos sólo por todas las canciones que ya se han convertido en himnos de una generación, sino por el aire que se respira en cada instante.
En cuanto a la puesta en escena, impecable como siempre. Parece mentira que 13 personas puedan caber en un escenario y no parar de moverse como una colmena en la que cada uno cumple su rol y está en el momento y lugar exacto para lograr una escenificación que no hace otra cosa sino animar más aún al público a no parar de moverse en la platea. Ahí es donde se advierten las horas y horas de ensayo  preparando las coreografías medidas milimétricamente.

Si no bastaba con ser un concierto especial por ser el último de la gira como La Gran Pegatina, se juntaba con que además se trataba del concierto número 1000.
¡MIL CONCIERTOS!
Para cualquier grupo llegar a esa cifra supone una barbaridad, una auténtica barbaridad, pero en este caso se trata de un reconocimiento superior conociendo la forma en que viven cada concierto los de La Pegatina dejándose la piel en cada sala, levantando al público de cualquier festival.
El final, para enmarcar, apoteósico. Después del casi coreografiado «¡No estamos todos, falta Maricarmen!» del público vino el himno por excelencia de un grupo total. Y cuando éste había acabado toda la sala se veía cantando el grito de guerra «¡lo lololo...!» del tema Gat Rumberu.
Rubén volando por los aires. Una lluvia de confeti impregnando La Riviera del color ‘pegatinesco’. La Canija llorando de emoción. Los músicos abrazándose unos con otros. Todo el público volcado.
Los aplausos llegaron tras un tiempo que parecía infinito con toda la sala cantando la melodía de Gat Rumberu, y tardaron en irse. El público agradecía las más de dos horas y pico de pura fiesta.

Ahora, pasado casi un mes, nos queda esa innegable nostalgia. Pero sobre todo, buenos recuerdos que ahora podemos rememorar gracias al CD+DVD que grabaron en el Arenal Sound.
Por el momento nos vemos en Villarrobledo para abrir la temporada de festivales 2017 y seguir disfrutando de La Pegatina en todo su esplendor, ahora con Miki entre sus filas.

La Gran Pegatina. La Quinta Esencia de La Pegatina.

Tenéis todas las fotos aquí:

La Gran Pegatina - Concierto Despedida